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En Venezuela se vivió durante algunos meses una presunta estabilidad económica, tras períodos donde la tasa de cambio del bolívar con respecto al dólar no variaba en demasía como para significar una continuación de la crisis que se desarrollaba desde noviembre de 2017 cuando el país entró en hiperinflación. Aunado a eso, los precios de los productos o servicios tampoco acrecentaban de golpe y para el ciudadano de a pie, el impacto al bolsillo “no se hacía sentir”.

Sin embargo, esa estabilidad se quebró por completo y ahora la moneda nacional se ha desvalorizado alrededor del 71% en lo que va de año, según datos del Banco Central. Ante esto, el diputado de la Asamblea Nacional legítima y fundador del Observatorio Venezolano de Finanzas, Ángel Alvarado, planteó a La Patilla las causas de esta nueva devaluación y el impacto que tendrá para el 2023.

Por: Luis Eduardo Martínez | lapatilla.com

Para entender cómo se presentó esta abrupta caída del valor del bolívar, una moneda que ha enfrentado decenas de devaluaciones y dos reconversiones, hay que remontarnos al primer semestre de 2022, cuando los altos precios del barril del petróleo producto de la invasión rusa a Ucrania, trajeron consigo una mejor posición fiscal del régimen chavista.

“En el primer semestre tuviste unos precios astronómicos del petróleo cuando había picos de 140 dólares el barril, producto de la invasión de Rusia a Ucrania. Eso permitió en parte la salida de la hiperinflación y por otro lado, un aumento de salarios en marzo. Estos precios altísimos del petróleo no eran sostenibles. Mejor dicho, este nivel de gasto solo era sostenible con esos niveles de precios petroleros”, comentó el legislador.

No obstante, los precios petroleros comenzaron a caer por debajo de los 90 dólares el barril y ya fue imposible sostener el nivel de gasto en el país. “Poco a poco la moneda se fue devaluando. El salario mínimo que llegó a 30 dólares, comenzó a decaer y evidentemente tuviste una crisis en agosto. Se recordará que se pagaron unos aguinaldos, unos bonos vacacionales al sector salud o al sector educación, y eso rompió los equilibrios, rompió la capacidad de mantener este dólar anclado y en definitiva se te abre la brecha fiscal, que es que no se puede sostener el gasto con los ingresos ordinarios, sino que tienes que emitir moneda o imprimir dinero”.

Desde el Observatorio Venezolano de Finanzas habían advertido en junio el impacto que tendría la economía en el último semestre del año, y ese pronóstico se constató en agosto cuando se quebró el equilibrio. Luego lo que ocurrió a partir de octubre con el valor de la tasa de cambio con respecto al dólar, superando cifras récords a diario, dejó a la moneda venezolana hecha trizas, nuevamente.

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Alvarado acotó que el BCV no tuvo ni tiene capacidad para intervenir en el mercado cambiario, inyectando la cantidad de dólares suficientes que permita cubrir el gasto público exacerbado que están llevando.

“El problema no es que el BCV haya inyectado dólares, siempre se ha inyectado. El problema es que la cantidad de dólares que inyecta no es suficiente. Debido al gasto público exacerbado que están llevando, el déficit fiscal es más grande. Y ese déficit fiscal lo estás llenando con impresión de dinero. Esa impresión de dinero no se corresponde con los dólares que ingresan al sistema y se genera un deslizamiento del tipo de cambio. Tan sencillo como eso”, explicó.

El panorama para 2023 parece más desalentador aún. En palabras del diputado, podría ser un año difícil que sufrirá los estragos de la devaluación, el estancamiento económico y la inestabilidad. “El precio del petróleo va a estar inferior en comparación con el 2022. Muchos analistas estiman que alrededor de 70 dólares el barril, el promedio de la economía mundial está muy inestable, con una probabilidad alta de recesión mundial. Y eso, por supuesto, el mecanismo de transmisión de esta recesión mundial hacia Venezuela es el precio del petróleo. Entonces, Venezuela va a tener un 2023 complicado”.

Por su parte el régimen de Maduro intenta camuflar la situación a su antojo, pero el descontrol es inevitable. Ya se arrojan los primeros indicios de imponer un control de precios como medida para contraatacar la inflación, una restricción que sería en vano y empeoraría la crisis.

“Ellos ya están conscientes que eso no funciona. Creo que el costo de colocar eso es muy grande, mucho más grande para ellos. Incluso, saben que es mejor no hacerlo. Y bueno, puede ser que el discurso sea de acusar al sector privado, pero es muy difícil implementar ese control y sabemos que eso además no funciona, porque también genera un problema adicional que no controlas la inflación y provocas la escasez”, explicó.

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Para contener la inflación y evitar un aumento descomunal sin precedentes que azote al país de la misma forma que los años anteriores, se requiere ejecutar medidas esenciales que a su criterio dependen de acuerdos políticos. “Se debe reducir la brecha fiscal, es decir, acabar con el déficit fiscal. Qué es el déficit fiscal, que los ingresos se correspondan con los gastos del Gobierno central. ¿Qué hacer para eso? Hay que aumentar la producción petrolera abruptamente. Acceder a tener líneas de crédito con el Fondo Monetario Internacional, por ejemplo, acceder a los derechos especiales de giro del Fondo Monetario. Poner a crecer la economía. Es decir, no son soluciones sencillas”.

Una de las preguntas que a diario surgen entre los venezolanos, es si una dolarización oficial podría acabar con la inflación. La gente ha dejado de pensar en bolívares y todo lo convierte o lo calcula en dólares. Alvarado considera que aunque la economía se encuentra actualmente dolarizada, faltaría dolarizar la banca.

“Claro que es factible. Es una decisión que habría que tomar. Pero bueno, lo que está claro es que esto es una camisa de fuerza a largo plazo. En el corto plazo puede ser que te resuelva un problema, pero en el largo plazo te genera otros”, apuntó.

Venezuela comenzaba a mostrar señales de recuperación, pero indudablemente todo se vino abajo. La estabilidad del precio del dólar servía para prever el fin de la crisis, pero esa burbuja terminó por reventar.

“La inflación se venía acelerando en el segundo semestre, la estabilidad duró tres meses de marzo a junio y ya eso fue realmente corto en ese período. Lamentablemente, Venezuela está en una situación complicada, seria. El fantasma de la hiperinflación está presente. Nuevamente está presente el fantasma de una economía que decrece. Y creo que hay que avanzar rápidamente en lo político para resolver estos temas económicos”, puntualizó Alvarado.