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El BCV realizó 52 intervenciones cambiarias en 2022, pero si se contabilizan las extensiones, el número de ventas de divisas a los bancos se eleva a 82, el mayor volumen anual desde que se implantó esta política en mayo de 2019.

La política de intervención cambiaria costó al Banco Central de Venezuela (BCV) un monto aproximado de 5.400 millones de dólares en 2022, un promedio de 450 millones mensuales, y que refleja un incremento de 251,79 % en comparación con los 1.535 millones de dólares que el emisor vendió a los bancos en 2021, de acuerdo con el registro que ha llevado Banca y Negocios.

A pesar de este esfuerzo, que fue complementado con una estrategia de regulación de la emisión de liquidez monetaria, los precios del dólar en el año que recién termina subieron por encima de las expectativas, claramente por la inestabilidad que se produjo en los últimos cuatro meses del año, cuando la demanda de divisas se incrementó y la oferta se contrajo severamente.

2022 termina con un aumento de 280,43 % del tipo de cambio oficial, lo que significa que, a la paridad promedio de las mesas cambiarias, el bolívar sufrió una devaluación de 73,70 % en los últimos 12 meses. El precio oficial cerró el año en 17,49 bolívares por dólar.

En el mercado paralelo, el precio promedio de la moneda estadounidense registró un alza de 292,18 % en 2022, que se tradujo en una devaluación de 74,50 % del signo monetario nacional.

Los datos del mercado cambiario permiten dos ópticas; una positiva que refleja una menor depreciación en comparación con 2020 y 2021, que fueron años terroríficos en esta materia, y una negativa que apunta a que, a pesar del esfuerzo realizado, las cotizaciones subieron por encima de la mayoría de las proyecciones de finales de 2021 y comienzos de 2022.

El ajuste monetario

Los datos de la liquidez monetaria disponibles llegan hasta el 16 de diciembre, cuando el circulante se ubicó en 18.858,7 millones de bolívares -US$ 1.196 millones al tipo de cambio oficial-, un aumento acumulado de 348,46 % en 2022.

El Ejecutivo mantuvo la disciplina del ajuste hasta agosto y, a partir de ahí, vino un relajamiento forzado por diversas razones que, junto con la aceleración de los precios del dólar, causó un incremento más corrosivo de la inflación que, según José Guerra, directivo del Observatorio Venezolano de Finanzas, podría terminar, hasta diciembre, con un alza anualizada de 225 %, cuando los pronósticos iniciales marcaban un incremento inferior a 200 %.

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La severidad del ajuste se hizo patente en el sector público, donde más de 5 millones de trabajadores recibieron un solo ajuste de las escalas salariales en 2022, que tienen como parámetro el salario mínimo nacional, el cual se ubicó en 7,43 dólares mensuales al cierre de diciembre, calculado al tipo de cambio oficial.

Igualmente, las bonificaciones de ley se pagaron de manera fraccionada, mientras que en el sector privada, las remuneraciones subieron de manera mucho más importante, pero insuficiente, incluso frente a los incrementos de precios en dólares, cuando se habla de las nóminas no profesionales y gerenciales, que, de acuerdo con diversos análisis escalaron entre 50 % y 53 % en 2022.

Los datos del Banco Central de Venezuela reflejan una desaceleración del crecimiento económico en el tercer trimestre que, en el caso del indicador de consumo privado, por ejemplo, mostró un aumento de 17,59 % en el primer trimestre; 16,54 % en el segundo; y 8,59 % en el tercero.

La intervención en detalle

El Banco Central de Venezuela realizó 52 intervenciones cambiarias en 2022, pero si se contabilizan las extensiones, que se convirtieron en práctica regular en el segundo semestre, el número de ventas de divisas a los bancos se eleva a 82, el mayor volumen anual desde que se implantó esta política en mayo de 2019.

En los últimos 12 meses, el tipo de cambio de estas operaciones subió 259,42 %.

De acuerdo con el registro que lleva Banca y Negocios, el mes cuando el emisor inyectó más divisas fue agosto, con un total estimado de 824 millones de dólares, lo que coincide con el arranque de la inestabilidad cambiaria y la aceleración del dólar, tanto en el mercado oficial como en el paralelo.

Es curioso, no obstante, que agosto no fuese el mes con la mayor aceleración de precios en las mesas cambiarias, ya que la variación de 36,23 % ocurrida en el octavo mes del año fue superada ampliamente por la escalada de 55,39 % registrada en diciembre.

La intervención señala varias etapas en la evolución de la política cambiaria en 2022. En el primer trimestre, se apostó por una apreciación inducida del tipo del cambio, lo que originó caídas del precio oficial del dólar de -1,30 % en enero; -3,34 % en febrero; y -0,12 % en marzo.

El mercado paralelo registró la misma tendencia con descensos de la cotización promedio en @EnParaleloVzla de -0,85 % en enero; -1,50 % en febrero y -1,52 %.

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Luego vino un período de mayor aceleración entre abril y julio, pero sin crecimientos marcados, salvo en mayo, cuando el precio oficial de la divisa estadounidense subió 12,64 % en las mesas cambiarias y 11,81 %  en el mercado paralelo.

Después de un turbulento agosto, estrategia de septiembre y octubre fue distribuir las disponibilidades de oferta en más intervenciones y como resultado hubo una fuerte desaceleración del mercado en enl noveno mes del año, para recuperar la tendencia más acelerada en octubre.

Noviembre y diciembre fueron meses de fuerte incremento de los precios del dólar, con variaciones de 28,95 % en las mesas cambiarias y 44,36 % en el paralelo al cierre de undécimo mes de 2022, mientras que en diciembre el tipo de cambio oficial escaló 55,39 % y el informal reportó un alza de 38,95 %.

2023 en perspectiva

Si se hace el ejercicio teórico de estimar, con base en el comportamiento registrado en 2022, el tipo de cambio oficial podría cerrar este año en más de 60 bolívares. La pregunta es: ¿Se puede conseguir una desaceleración en la variación del tipo de cambio?

La estrategia cambiaria y monetaria tiene condicionantes importantes. El primero es que el BCV disponga de las divisas suficientes para intervenir en el mercado cambiario y ello supone que la actividad petrolera se recupere a una tasa más acelerada y se regularicen los mecanismos de exportación.

Sostener la disciplina monetaria puede ser más complejo. La capacidad del sector privado para generar un crecimiento económico sostenible es limitada, por lo que el gasto público debe cumplir un rol dinamizador, en medio de una estrategia de economía de mercado que vaya, progresivamente, limitando la influencia de la renta petrolera.

Además, se espera que el diálogo tripartito -Gobierno, empresarios y trabajadores- adopte decisiones para incrementar progresivamente las escalas salariales, lo que, en una economía con la dinámica de la venezolana, puede generar presiones inflacionarias.

Parece difícil predecir, a la luz de las circunstancias actuales, una sensible reducción de la velocidad con la se devalúa la moneda venezolana en 2023, pero es posible si, junto con mantener la disciplina monetaria, se hacen reformas importantes, como permitir una mayor circulación en divisas, se reactiva el crédito -tanto en bolívares como en moneda extranjera-, y se reduce o se elimina el costo que implica el Impuesto a las Grandes Transacciones Financieras a las operaciones con divisas, entre otras medidas, dice el economista César Aristimuño, CEO de Aristimuño Herrera & Asociados.